MUSEO DE LA MEMORIA – EL MULTIESPEJO

No sabemos si reír por la patética broma o llorar desconsoladamente por la perdida de juicio final de un gremio que se niega a reivindicar la lucidez de un espíritu crítico en la sociedad peruana. Resulta indignantemente absurdo el festejo de un concurso en “conmemoración de la trágica experiencia terrorista” ocurrida en el Perú a finales del siglo pasado. Vaya tomadura de pelo. Demás esta decir que aquí no hubo terrorismo alguno que provoque por sí mismo la muerte y desolación de un país que aprendió a vivir con miedo, con miedo a sus semejantes y a nosotros mismos. Lo que vivió el Perú, principalmente a mediados de los ochenta y principios de los noventas, fue una guerra civil con todas sus letras, un fuego cruzado que dejo mal parados a quienes menos razones tenían para entenderla. Resulta indignante pues que alguien (un jurado!) nos diga que cosa resulta representativo para nosotros y nuestra memoria. No se supone que cada uno lleva una memoria, que cada uno entonces es un lugar, que cada lugar somos todos quienes nos desplazamos sin necesidad de vestigios, ni arrastrando mamarrachos de ladrillo y cemento para hacernos recordar un evento tan trascendental y emocional para la historia del Perú. Por que transmitir el virus de una falsa memoria (lo que tú quieres que crea) a una tercera generación lista, que se enterará a la larga por el medio más eficiente en la historia universal, cual es la transmisión oral. El mausoleo lo llevamos ya y por tantos otros. Es indignante que la misma razón por la que se  generó la guerra sea la razón para plantear esta “lucida” idea de un concurso arquitectónico con un costo de 2 millones de euros. No será acaso el mejor proyecto, el proyecto ganador el utilizar ese dinero para construir colegios y puestos de salud en Chuschi, residencia de míticos eventos desde 1980  y 1991.

La memoria somos todos y no necesitamos arraigar la violencia provocada, si no vigilar la vida y la coexistencia en paz, recordando más bien que aún quedan por arreglar asuntos pendientes, desigualdades internas que no mejoran con un despropósito arquitectónico de este calibre. Para infelices ideas, lo más claro, una propuesta más que evidente, el multiespejo, a ver si algún día nos reconocemos, así quizás sabremos por que cosas merecen la pena luchar y competir.

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